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21 al 27 de septiembre de 1990                    

                                                               •ELPUNTO

                                            DE LAS ARTES
                                                             DIRECTOR: José Perez Guerra
                                     Madrid, 21 al 27 de septiembre de 1990 Precio 120 pesetas

                                       (Galería Zúccaro. Hermosilla, 38. Hasta el 6 de Octubre.

                                                                        MADRID

                         Manuel Dominguez o la simple belleza
           La realidad simple captada sin macula se torna poética pura en las acuarelas de Manuel Domínguez, un pintor malagueño que aprovecha la blancura del soporte para, con esos vacíos, componer naturaleza y humanidad. Es un afán que adquiere tonos sutiles con los modelos de una creaci6n que es asombro y dinámica; son los recursos empleados, agua para señalar contrastes, un dibujo de esbozo, la imaginaci6n que consigue elevar la destreza y poner en la obra el sello de un estilo.
          La acuarela, y una buena muestra de ella, se exhibe en la galería Zurbarán, es una técnica antigua que mantiene múltiples posibilidades. Fue utilizada en el legendario Oriente, colores motivos religiosos y profanos y consiguió un alto reconocimiento en la Inglaterra del XVIII, en aquel espíritu viajero de un pueblo enriquecido que quiso pintar la clasicidad mediterránea y hacer de los rincones y de los monumentos sus propias «postales». Acuarelistas han sido la mayor parte de los grandes maestros de este y otros siglos; acuarelista con muchos recursos es Manuel Domínguez, que, tras un itinerario brillante por galerías y centros de Andalucíay Levante, presenta sus realiza-ciones en los inicios del nuevo curso madrileño.Tienen el fundamento de un dibujo obediente que indica y acaso susurra; tienen los equili-brios de una composici6n ajus-tada a la realidad, y tienen colo-res con luces enriquecedoras y transparencias llenas de encan-to. Y es que Manuel Domínguez se ha preparado concienzuda-mente para realizar una labor vocacional, que viene a ser como pasos cargados de recursos, una búsqueda constante, el dar y el volver a darse. Por eso cada cuadro tuvo su afán y conlleva una climatología.«... Su pintura —ha escrito Pedro Francisco— tiene una gran variedad: sus acuarelas son finas, tienen un tenue color, un precioso trazo de dibujo, y un matiz casi poético la atmósfera existente en ellas Y José Andrés Díaz agrega: «A la hora de valorar el color se recrea en la inmensa gama de sensaciones que aporta la misma naturaleza. Sus interiores, la elección de los objetos y el mismo paisaje se mueven dentro del respeto a la realidad, pero con amplio margen a los sentimientos personales y caprichosos.


imagen:«Niña», de Manuel Dominguez


 

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