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                                                                  LA VOZ DE ALMERÍA
                                                           SÁBADO. 12 DE JUNIO DE 2004

                                             María del Carmen Fernández de Capel Baños
                                                          Licenciada en Historia del Arte

                                                     Dos artistas, dos estilos
             Hay momentos en mi ajetreada vida de la docencia, donde no puedo sustraerme a la contemplación de las obras de arte, y éste ha sido el motivo de no pasar por alto dos artistas con diferentes estilos. Uno de ellos es Manuel Domínguez, licenciado en Bellas Artes, hombre de gran vocación y amor por el dibujo, que será el elemento fijo y constante a través de toda su trayectoria artística junto al color, configurando así su lenguaje pictórico. No es que Domínguez desprecie los elementos técnicos fotográficos a la hora de hacer sus obras. Los olvida intencionadamente, porque a él le fascina la gran aventura de tomar los apuntes del natural. Lo trae en sus genes como en su aprendizaje. Para Manuel lo captado por su retina y no por 'la lente artificial', escrito en su catálogo, es primordial para su obra. No se le puede negar ese poder de captación unido a su observación y a la gran habilidad para después plasmarlo. Pero no todo son facultades técnicas y naturales, en Manuel Domínguez hay además corazón, que en definitiva es donde radica el ser artista. Los resultados de esta simbiosis de mente, técnica y corazón están alejados de todo efectismo efímero y de acentos excesivos o extravagantes. Su obra se define como serena y figurativa.
       Se desenvuelve bien en cualquier teína o técnica. En los paisajes, el pintor presenta una primavera que parece no agotarse: flores, ramas, etc.. Todas ellas nos dejan ver unas superficies de matices coloristas, con la vaha de los efectos naturales del mundo que contempla, sin olvidar el sentido de lo espacial. La nota más subjetiva del autor, viene expresada en los celajes de los paisajes más abiertos que escapan a la cotidianidad, transformándolos por su mirada en tintes más rosados.
      Pero donde el artista se hace más clásico como si quisiera desafiar al espectador, es al presentar los interiores con un alubión de elementos diversos, pero todos concurrentes en una realidad que nos sobrecoge al contemplarla. En estas representaciones es cuando la obra de arte se fortalece y enriquece por las peculiaridades específicas de cada uno de los componentes que hay en ellas. Es aquí donde reside la esencia de lo clásico, al destacar la individualidad de cada objeto en pe- i so y volumen, y al mismo tiempo queda equilibrada y armónica a pesar de lo heterogéneo de la composición. Manuel Domínguez siempre se ha sentido atraído por esta forma de hacer 'tan a la manera clásica' En cuanto a la técnica del tratamiento en las pinceladas, también , hay una clara distinción. En los paisajes son más pastosas, fuertes y entrecortadas.
       Para los interiores juega con un modelado más plano y suave, pero I siempre buscando valorar el dibujo y el volumen del objeto. La otra exposición es la del veterano profesor Francisco González Romero, expuesta en el Centro de Arte y Museo. González Romero ha sido siempre un pintor figurativo con épocas en las que imperaba la tendencia clásica, pero siempre abierto a la modernidad, pudiéndose observar esta línea al contemplar su obra retrospectiva. En estos últimos años ha sabido adentrarse en sus propias búsquedas y estudios diferentes, donde tienen cabida una gran variedad de istmos. Está presente el mundo Onírico, sustituyendo la realidad por el subconsciente, igualmente se observa la geometrización cubista.
y la imaginación del surrealismo. Sus figuras han evolucionado desde el trazado clásico de sus principios, pasando por la rotundez escultórica de Cezanne, hacia una gran plenitud como la titulada 'El Pastor y su Flauta', por poner un ejemplo. Observando la exposición puede comprobarse que el acento expresivo de la misma, viene dado por el gran despliegue y juegos de planos coloristas.
       González Romero llama a esta muestra 'Cinco años de evolución', y ese deseo lo ha conseguido al presentar sus obras de acuerdo a sus nuevos pensamientos, pero sin renunciar a la enseñanza del pasado. Lo tangible sigue siendo tangible pero desde una nueva concepción. Quiero terminar mi artículo con las palabras de mi compañero en la crítica de arte, José Luís Hidalgo: "La historia de la pintura, como la historia de mi árbol, tiene vida propia, sabia interior y ramas diferentes que se abren bajo el cielo...". Dos artistas, dos formas de pintar, vida propia, savia interior que recorre la sensibilidad de cada uno, dando sus ramas. No son oponentes, sólo formas distintas de un mismo árbol que es el Arte.
       Desde aquí quiero enviaros mi felicitación.



 

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