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MARTES 26 DE MAYO DE 1998 -                          IDEAL
                                              Puerta Purchena
                       Manuel Domínguez


                                                       PILAR QUIROSA
      La madurez creativa que venimos contemplando -desde hace muchos años- en la obra pictórica de Manuel Domínguez, traduce el dominio de una técnica sin ningún tipo de recursos efectistas, por medio de la utilización de pinceladas llenas de destreza, de ejecución limpia y de trazo según >. que i taxi en desde la libertad de creación a la hora de tomar contacto con el lienzo. Donde la seguridad es su mejor arma para proyectar la realización de una acuarela, con esos fragmentos de luz llenos de vida, o la configuración de esos óleos que obtienen preciados matices acuarelísticos, una forma de observar, de ver la naturaleza y plasmarla en sensaciones, con proyecciones de eternidad.
          Desde siempre, la labor artística de Manuel Domínguez -cuya herencia genética está presente en su trabajo cotidiano, en su innata percepción y en su equilibrio formal- se interna por la singularidad plástica que le ha hecho merecedor de los mayores reconocimientos por parte de la crítica, singularidad que lleva al acercamiento de la mirada del espectador a través de depuradas técnicas, en la sabia utilización del dibujo y del color, con la maestría del que acude a la paisajística y pinta del natural, con una captación visual que alude a todos los ámbitos del realismo, con entrega y minuciosidad, desde la elaboración del detalle, desbordándose en pinceladas luminosas, llenas de profundidad y de vida, partiendo de la sencillez -que traduce también el alma del pintor- y que eterniza los rincones más cotidianos, recreando un escenario que no necesita de los recursos fotográficos para apuntar la puesta en marcha de un proyecto, que ha bebido de la placidez de la mirada en constante y eterno homenaje a la belleza.
Se trata del oficio de un pintor que impregna de talento expresivo el mundo de la creatividad, que nos acerca al campo real para introducirnos en él, traduciendo el virtual animismo cuando se ofrece en ellienzo, desde sus bodegones, armonizando tonalidades cromáticas, desde sus retratos -esa inimitable expresión de los rostros, traducida sabiduría y percepción psicológica-, sabiendo ajustar el equilibrio sombras en cada paisaje, los pequeños paraísos íntimos que capta con la urgencia de lo que es irrepetible, donde rescata un tiempo perdido, intacto para la mirada, obteniendo nuevos temas tras el regreso, valorando nuevas formas, el figurativismo llevado a la más limpia pureza y recreación, eligiendo a través de las proporciones y el movimiento los motivos que den lugar a una infinita claridad.
          Manuel Domínguez, perteneciente a una familia tradicional de pintores, admirador de la estética velazqueña y de la impronta de la pintura rusa del pasado siglo, contempla, desde la magia del recuerdo, la época feliz de su infancia, la casa grande y antigua de la calle de la Reina, su hogar, el de sus padres, el de sus hermanos, la multiplicidad de los objetos que regresan a su memoria para conseguir la interpretación de una herencia irrepetible.
        La minuciosidad de un trabajo elaborado, tras sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Almería y en la Escuela de Bellas Artes de Valencia, con secuencias que son y serán innatas desde el punto de vista de la creación que nos reporta, demostrando las particularidades de un trabajo realizado a golpe de pincel y corazón, donde cada encuadre, cada gesto, encuentran proyecciones definidas, donde las sombras encuentran su justo equilibrio y donde cada paisaje, cada rincón de Almería, se asoman desde sus ojos para los ojos del espectador en secuencias de futuro y de vida, donde no hay frialdades ni imposturas, donde hay verdadera entrega y humanidad.
       Para que la mirada se llene de asombros. Para que traduzca la donación de un espíritu lleno de sensibilidad. Manuel Domínguez y el perfeccionismo armónico de la existencia.
               
                                                                                                                                                      Pilar Quirosa

 

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