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Almería, Jueves, 20 de Enero de 1994

Año 11, N9 4129

                                                    LA CRÓNICA

                                    El pintor almeriense expone estos días en Bilbao


                            Manuel Domínguez, la pródiga elocuencia

       Diego CARA
       El acceso a la pintura llega por distintos medios. Desde el mas innato autodidactismo a la tesonera voluntad instruida en academias y talleres, pasando por los distintos grados de prac¬tica y dominio técnico... son muchos los ejemplos.
      Se dan en la persona delalménense ManuelDomínguez el talento innato -y genético, tendríamos que añadir-, la poderosa captación visual del entorno -con fluyentes toques de observador inquieto y original- junto a la versatilidad técnica: capaz de pasar del óleo, al dibujo a la sanguina, hasta consumarse magistral-mente en el arte instantáneo, del primer toque: la acuarela.
       Y es que tras una primera contemplación de su joven obra, no hay que olvidarse edad: 39años, y el oficio poderoso y la madurez que despliega en cada una de las escenas, con las que logra eternizar los mas bellos y cotidianos rincones del entorno ambiental. Algo propio de quien no aprehende la realidad con el refrito o la impostura fotográfica, sino que transita incansable hasta absorber los paisajes y lugares mas recónditos y, desde el directo de la observación inmediata, traduce los ámbitos, recrea los escenarios con suma placidez, con refinado poderío.
        EN BILBAO
        Una elocuencia, convertida en inusitado poder para reflejar lodos los lugares y caminos de nuestro país -como de muestra en estos días en Bilbao donde expone escenas de aquella tierra-. Una sabiduría labrada en la humildad y llaneza de carácter pero poseedora de un don constante para la captación y fundición colorística. Que sale noblemente a relucir en esta su primera salida profesional desde Almería.
      Ver algunas de sus marinas, los paisajes otoñados y grisáceos de caseríos, parques y sumergirse en sus escenas urbanas -es prodigiosa la sencillez pero poderosa facilidad con que trascribe los rincones de un barrio bilbaíno, con seres anónimos, o la vista de una ría junto a los viandantes de entornado y grave mirar- suponen constatar la filosofía humanística que impera en el sentido de Arte que posee nuestro pintor.
      Que Manuel Domínguez disfruta estableciendo un dialogo callado con el paisaje, comunicando poesía donde sólo había textura y tonalidades; resistiendo la enorme seducción de modas y motivos postaleros, llenos de tópico y rutina, para salir triunfante en el noble ejercicio de la ética aplicada a la obra bien hecha, la única capaz de cruzar la barrera esquiva del tiempo para instalarse por derecho propio en un clasicismo humanista.
       LOA DE LO COTIDIANO
       Una comunicación que el pintor establece desde sus obras, tras el dominio de los pequeños formatos enseñorea los grandes hasta dotar-

los de una atmósfera arcangélica, y excede la simple voluntad de agradar para mostrar lo incapaz que es de traicionarse a si mismo autocopiándose o explotando las fórmulas que le han dado continuado éxito. En cada una de sus escenas hallaremos ángulos inéditos, sus bodegones nos trasmitirán el instante cotidiano hasta con ruidos y olores...
       Mientras triunfa por tierras vascas, es bueno enorgullecerse de él, y contarlo en esa legión de almerienses humildes y serenos que hacen de su trabajo la prueba de oficio, la muestra de generosidad y lealtad hacia una tierra que les vio nacer y, poco a poco, comprueba mitad perpleja e ilusionada, lo capaces que son para devolverle el testigo de talento y luz que de ella recibió. Manuel Domínguez lo hace una vez más con callada elocuencia, dejando hablar a sus pinceles.

                                                                                                                          Diego Cara Barrionuevo

 

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