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  JUEVES. 6 DE ENERO DE 1994                                          

                                                                   La Voz de Almería

                                               La muestra estará durante enero y febrero
     El pintor alménense Manuel Domínguez expone acuarelas en una                                           sala de Bilbao


                                                                              LA VOZ

         El pintor almeriense Manuel Domínguez inaugura el próximo día 19 de este mes una exposición de acuarelas en la Caja Bilbao Vizcaya de Bilbao, estando la exposición abierta hasta el 12 de febrero.
        El acceso a la pintura llega por distintos medios. Desde el más innato auto didactismo a la tesonera voluntad instruida en academias y talleres, pasando por los distintos grados de práctica y dominio técnico, son muchos los ejemplos.
        Se dan en la persona del almeriense Manuel Domínguez el talento innato -y genético, tendríamos que añadir-, la poderosa captación visual del entorno -con fluyentes toques de observador inquieto y original- y la versatilidad técnica: capaz de pasar del óleo, al dibujo, a la sanguina hasta consumarse magistralmente en el arte instantáneo, del primer toque, la acuarela.
       Y es que tras una primera contemplación de su joven obra, no hay que olvidar su edad, 39 años, y el oficio poderoso y la madurez que desplaza en cada una de las escenas con las que eterniza los más bellos y cotidianos rincones del entorno cotidiano. Algo propio Manuel Domínguez pintando en de quien no aprehende la realidad con refrito o la impostura fotográfica sino que transita incansable hasta absolver los paisajes y lugares más recónditos y, desde el directo de la observación inmediata, traduce los ámbitos, recrea los escenarios con suma placidez, con refinado poderío.
       Ver algunas de sus marinas, los paisajes otoñados y grisáceos de caseríos, parques y sumergirse en sus escenas urbanas -es prodigiosa la sencillez pero poderosa facilidad con que trascribe los rincones de un barrio bilbaíno, con seres anónimos o la vista de una ría junto a los viandantes de entornado y grave mirar el camposupone constatar la filosofía humanística que impera en el sentido de Arte que posee nuestro pintor.
       Que Manuel Domínguez disfruta estableciendo un diálogo callado con el paisaje, comunicando poesía; donde solo había textura y tonalidades; resistiendo la enorme seducción de modas y motivos posteleros, llenos de tópico y rutina para salir triunfante en el noble ejercicio de la ética aplicada a la obra bien hecha, la única capaz de cruzar la barrera esquiva del tiempo para instalarse por derecho propio en un clasicismo humanista.

 

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